jueves, 28 de enero de 2010

Epitafio para la tumba de un héroe


Se creía dueño del mundo
porque latía en sus sentidos.
Lo aprisionaba con su carne
donde se estrellaban los siglos.
Con su antorcha de juventud

iluminaba los abismos.

Se creía dueño del mundo:
su centro fatal y divino.
Lo pregonaba cada nube,
cada grano de sol o trigo.

Si cerraba los ojos, todo

se apagaba, sin un quejido.

Nada era si él lo borraba

de sus ojos o sus oídos.

Se creía dueño del mundo
porque nunca nadie le dijo

cómo las cosas hieren, baten

a quien las sacó del olvido,
cómo aplastan desde lo eterno
a los soñadores vencidos.

Se creía dueño del mundo
y no era dueño de sí mismo.


Yo pienso que "no era dueño de si mismo" porque estaba muy pendiente de lo que pasaba en el mundo y no se preocupaba por sí mismo.
Lo contrario de un héroe sería alguien que no se preocupa por nada ni por nadie y que hace las cosas sin pensar en lo que puede pasar si hace esas cosas.

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